domingo, 16 de abril de 2017

TUTORIA 9


PLAGUICIDAS
El término "plaguicida" es una palabra compuesta que comprende todos los productos químicos utilizados para destruir las plagas o controlarlas. En la agricultura, se utilizan herbicidas, insecticidas, fungicidas, nematocidas y rodenticidas.
Un factor decisivo de la Revolución Verde ha sido el desarrollo y aplicación de plaguicidas para combatir una gran variedad de plagas insectívoras y herbáceas que, de lo contrario, disminuirían el volumen y calidad de la producción alimentaria. El uso de plaguicidas coincide con la "era química", que ha transformado la sociedad desde el decenio de 1950. En lugares donde se practica el monocultivo intensivo, los plaguicidas constituyen el método habitual de lucha contra las plagas. Por desgracia, los beneficios aportados por la química han ido acompañados de una serie de perjuicios, algunos de ellos tan graves que ahora representan una amenaza para la supervivencia a largo plazo de importantes ecosistemas, como consecuencia de la perturbación de las relaciones depredador-presa y la pérdida de biodiversidad. Además, los plaguicidas pueden tener importantes consecuencias en la salud humana.
Si bien el uso de productos químicos en la agricultura se reduce a un número limitado de compuestos, la agricultura es una de las pocas actividades donde se descargan deliberadamente en el medio ambiente productos químicos para acabar con algunas formas de vida.
El uso agrícola de plaguicidas es un subconjunto del espectro más amplio de productos químicos industriales utilizados en la sociedad moderna. Según la base de datos de la American Chemical Society, en 1993 se habían identificado más de 13 millones de productos químicos, a los que se sumaban cada año unos 500 000 nuevos compuestos. Por ejemplo, en los Grandes Lagos de América del Norte, la International Joint Commission ha estimado que hay más de 200 productos químicos que pueden provocar problemas en el agua y en los sedimentos del ecosistema de los Grandes Lagos. Como en la carga ambiental de productos químicos tóxicos figuran compuestos tanto agrícolas como no agrícolas, es difícil separar los efectos ecológicos y sanitarios de los plaguicidas y los debidos a compuestos industriales que de forma intencionada o accidental se liberan en el medio ambiente. No obstante, hay pruebas abrumadoras de que el uso agrícola de los plaguicidas tiene importantes efectos en la calidad del agua y provoca serias consecuencias ambientales.
Aunque el numero de plaguicidas utilizados es muy elevado, la utilización más abundante suele estar asociada a un pequeño número de productos. En un estudio reciente efectuado en las provincias agrícolas occidentales del Canadá, donde se utilizan habitualmente unos 50 plaguicidas, el 95 por ciento del total de la aplicación de éstos corresponde a nueve herbicidas concretos (Bikholz, comunicación personal, 1995). Aunque el uso de plaguicidas es entre escaso y nulo en la agricultura tradicional y de subsistencia de África y Asia, los efectos en el medio ambiente, la salud pública y calidad del agua debidos a una utilización inadecuada y excesiva de plaguicidas están ampliamente documentados. En Lituania (FAO, 1994b), si bien la contaminación debida a plaguicidas ha disminuido debido a factores económicos, se dan casos frecuentes de contaminación del agua por plaguicidas como consecuencia del almacenamiento y distribución inadecuados de los productos agroquímicos. En los Estados Unidos, en el Estudio Nacional de Plaguicidas de US-EPA se comprobó que el 10,4 por ciento de los pozos comunitarios y el 4,2 por ciento de los pozos rurales contenían niveles detectables de uno o más plaguicidas (US-EPA, 1992). En un estudio sobre los pozos de agua subterránea en el Ontario sudoccidental agrícola (Canadá), el 35 por ciento de los pozos dieron positivo en las pruebas de plaguicidas al menos en una ocasión (Lampman, 1995).

Los efectos de los plaguicidas en la calidad del agua están asociados a los siguientes factores:

· Ingrediente activo en la formulación de los plaguicidas.
· Contaminantes que existen como impurezas en el ingrediente activo.

· Aditivos que se mezclan con el ingrediente activo (humectantes, diluyentes o solventes, aprestos, adhesivos, soluciones reguladoras, conservantes y emulsionantes).

· Producto degradado que se forma durante la degradación química, microbiana o fotoquímica del ingrediente activo.

Los plaguicidas se utilizan también abundantemente en la silvicultura. En algunos países, como el Canadá, donde uno de cada diez empleos está relacionado con la industria forestal, la lucha contra las plagas forestales, especialmente los insectos, se considera una actividad fundamental. Los insecticidas se aplican con frecuencia en grandes superficies mediante pulverizaciones aéreas.

La agricultura de regadío, especialmente en medios tropicales y subtropicales, requiere normalmente la modificación del régimen hidrológico, lo que a su vez crea un hábitat que es propicio a la reproducción de insectos, como los mosquitos, causantes de una gran variedad de enfermedades trasmitidas por vectores. Además de los plaguicidas utilizados en las actividades ordinarias de la agricultura de regadío, la lucha contra las enfermedades trasmitidas por vectores puede requerir una aplicación adicional de insecticidas, como el DDT, que tienen graves y amplias consecuencias ecológicas. A fin de resolver este problema, en muchos proyectos de riego se están desarrollando y experimentando métodos de ordenación ambiental para la lucha antivectorial (FAO, 1984).
Factores que influyen en la toxicidad de los plaguicidas en los sistemas acuáticos

Los efectos ecológicos de los plaguicidas en el agua están determinados por los siguientes criterios:

· Toxicidad: Toxicidad para mamíferos y no mamíferos, expresada en forma de DL50 ("Dosis letal": concentración del plaguicida que provoca la muerte de la mitad de los organismos de prueba durante un período especificado de prueba). Cuanto más baja es la DL50, mayor es la toxicidad; los valores de 0 a 10 son extremamente tóxicos (OMAF, 1991).
Las directrices sobre los alimentos y el agua potable se determinan utilizando una evaluación basada en el riesgo. Por lo general, riesgo = exposición (cantidad y/o duración) x toxicidad.

La respuesta tóxica (efecto) puede ser aguda (muerte) o crónica (efecto que quizá no provoque la muerte durante el período de prueba pero cause en el organismo sometido a prueba efectos observables, como cánceres y tumores, deficiencias reproductivas, inhibición del crecimiento, efectos teratogénicos, etc.).
· Persistencia: Medida en términos de vida-mitad (tiempo necesario para que la concentración ambiental disminuya un 50 por ciento). La persistencia está determinada por procesos bióticos y abióticos de degradación. Los procesos bióticos son la biodegradación y el metabolismo; los procesos abióticos son fundamentalmente la hidrólisis, fotolisis y oxidación (Calamari y Barg, 1993). Los plaguicidas modernos suelen tener vida-mitades breves, que reflejan el período durante el cual la plaga debe ser controlada.
· Productos degradados: El proceso de degradación puede llevar a la formación de "productos degradados", cuya toxicidad puede ser mayor, igual o menor que la del compuesto original. Por ejemplo, el DDT se degrada en DDD y DDE.
· Destino (ambiental): El destino ambiental (comportamiento) de un plaguicida depende de la afinidad natural del producto químico con respecto de uno de los cuatro compartimentos ambientales (Calamari y Barg, 1993): materia sólida (materia mineral y carbono orgánico en partículas), líquido (solubilidad en aguas superficiales y aguas del suelo), forma gaseosa (volatilización) y biota. Este comportamiento recibe con frecuencia el nombre de "compartimentación" y comprende, respectivamente, la determinación de los siguientes aspectos: coeficiente de absorción del suelo (KOC); solubilidad; Constante de Henry (H), y el coeficiente de partición n-octanol/agua (KW). Estos parámetros son bien conocidos en el caso de los plaguicidas y se utilizan para prever su evolución ambiental.
Un factor adicional puede ser la presencia de impurezas en la formulación del plaguicida, que no forman parte del ingrediente activo. Un ejemplo reciente es el caso del TFM, lampricida utilizado en los afluentes de los 'Grandes Lagos durante muchos años para combatir la lamprea de mar. Aunque el destino ambiental del TFM se conoce perfectamente desde hace muchos años, investigaciones recientes de Munkittrick et al. (1994) han comprobado que la formulación del TFM incluye una o más impurezas muy potentes que influyen en el sistema hormonal de los peces y provocan enfermedades hepáticas.
Efectos de los plaguicidas en la salud humana

Quizá el ejemplo regional de mayor alcance de contaminación por plaguicidas y su repercusión en la salud humana es el de la región del Mar Aral (Recuadro 2). El PNUMA (1993) vinculó los efectos de los plaguicidas al "nivel de morbilidad oncológica (cáncer), pulmonar y hematológica, así como a las deformidades congénitas... y deficiencias del sistema inmunitario".

Los efectos en la salud humana son provocados por los siguientes medios:

* Contacto a través de la piel:

manipulación de productos plaguicidas

* Inhalación:

respiración de polvo o pulverizaciones

* Ingestión:

plaguicidas consumidos como contaminantes en los alimentos o en el agua.

Los trabajadores agrícolas están sometidos a especiales riesgos asociados a la inhalación y contacto a través de la piel durante la preparación y aplicación de plaguicidas a los cultivos. No obstante, para la mayoría de la población, un vehículo importante es la ingestión de alimentos contaminados por plaguicidas. La degradación de la calidad del agua por la escorrentía de plaguicidas tiene dos efectos principales en la salud humana. El primero es el consumo de pescado y mariscos contaminados por plaguicidas; este problema puede revestir especial importancia en las economías pesqueras de subsistencia que se encuentran aguas abajo de importantes zonas agrícolas. El segundo es el consumo directo de agua contaminada con plaguicidas. La OMS (1993) ha establecido directrices para el agua potable en relación con 33 plaguicidas (Anexo 1). Muchos organismos encargados de la protección de la salud y el medio ambiente han establecido valores de "ingesta diaria admisible" (IDA), que indican la ingestión máxima diaria admisible durante la vida de una persona sin riesgo apreciable para su salud. Por ejemplo, en un estudio reciente de Wang y Lin (1995) sobre fenoles sustituidos, se comprobó que la tetraclorohidroquinona, metabolito tóxico del biocida pentaclorofeno, producía en el "DNA daños significativos y dependientes de la dosis".

Efectos ecológicos de los plaguicidas

Los plaguicidas se incluyen en una gran variedad de microcontaminantes orgánicos que tienen efectos ecológicos. Las distintas categorías de plaguicidas tienen diferentes tipos de repercusión en los organismos vivos, por lo que es difícil hacer afirmaciones generales. Aunque los plaguicidas tienen sin duda efectos en la superficie terrestre, el principal medio de daños ecológicos es el agua contaminada por la escorrentía de los plaguicidas. Los dos mecanismos más importantes son la bioconcentración y la bioampliación.
Bioconcentración: Se trata del movimiento de un producto químico desde el medio circundante hasta el interior de un organismo. El principal "sumidero" de algunos plaguicidas es el tejido graso ("lípidos"). Algunos plaguicidas, como el DDT, son "lipofílicos", lo que quiere decir que son solubles y se acumulan en el tejido graso, como el tejido comestible de los peces y el tejido graso humano. Otros plaguicidas, como el glifosato, se metabolizan y eliminan a través de las excreciones.
Bioampliación: Con este término se designa la concentración creciente de un producto químico a medida que la energía alimentaria se transforma dentro de la cadena trófica. En la medida en que los organismos pequeños son devorados por los mayores, la concentración de plaguicidas y otros productos químicos se amplía de forma considerable en el tejido y en otros órganos. Pueden observarse concentraciones muy elevadas en los depredadores que se encuentran en el ápice de esa cadena, incluido el ser humano.
Los efectos ecológicos de los plaguicidas (y otros contaminantes orgánicos) son muy variados y están con frecuencia interrelacionados. Se considera que los efectos producidos en los organismos y en el medio ambiente constituyen una advertencia de las posibles repercusiones en la salud humana. Los principales tipos de efectos son los que se enumeran a continuación y varían según el organismo sometido a investigación y el tipo de plaguicida. Los distintos plaguicidas provocan efectos muy diferentes en la vida acuática, por lo que es difícil formular afirmaciones de alcance general. Lo importante es que muchos de estos efectos son crónicos (no letales), pasan con frecuencia desapercibidos al observador superficial, y sin embargo, tienen consecuencia en toda la cadena trófica. Esos efectos son los siguientes:

· Muerte del organismo.
· Cánceres, tumores y lesiones en peces y animales.

· Inhibición o fracaso reproductivo

· Supresión del sistema inmunitario.

· Perturbación del sistema endocrino (hormonal).

· Daños celulares y en el ADN.

· Efectos teratogénicos (deformidades físicas, como las que se observan en el pico de algunas aves).

· Problemas de salud en los peces revelados por el bajo coeficiente entre células rojas y blancas, el exceso de mucílago en las escamas y agallas de los peces, etc.

· Efectos intergeneracionales (que sólo se observarán en las generaciones futuras del organismo).

· Otros efectos fisiológicos, como disminución del grosor de la cascara de los huevos.
Estos efectos no son causados necesariamente ni de forma exclusiva por la exposición a los plaguicidas u otros contaminantes orgánicos, pero pueden estar asociados a una combinación de presiones ambientales, como la eutrofización, y agentes patógenos. Estas presiones asociadas no tienen que ser necesariamente muy fuertes para provocar un efecto sinérgico con los microcontaminantes orgánicos.

Los efectos ecológicos de los plaguicidas van más allá de los organismos individuales y pueden afectar a los ecosistemas. Según estudios realizados en Suecia, la aplicación de plaguicidas es uno de los factores que más influyen en la biodiversidad. Jonsson et al. (1990) informan que el continuado descenso de la población de perdices suecas está vinculada a los cambios en el aprovechamiento de la tierra y a la utilización de medios químicos de lucha contra las malas hierbas. Estos últimos tienen el efecto de reducir el hábitat, disminuir el número de especies de malas hierbas y desplazar el equilibrio de especies en la comunidad vegetal. Los estudios realizados en Suecia revelan también la influencia de los plaguicidas en la fertilidad de los suelos, incluyendo la inhibición de la nitrificación con la consiguiente merma de la fijación de oxígeno por las plantas (Torstensson, 1990). En esos estudios se indica también que los plaguicidas influyen negativamente en los microorganismos del suelo que son causantes de la degradación microbiana de la materia vegetal (y de algunos plaguicidas) y de la estructura del suelo. En el Recuadro 6 pueden verse algunos ejemplos regionales de los efectos ecológicos de los plaguicidas.





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viernes, 7 de abril de 2017

TUTORIAL 8




El agua potable y el alcantarillado están llegando al campo


Unos 45 municipios del país han recibido apoyo financiero; con esto, 98.500 personas se benefician.
Unos 11 millones de personas –el 24 por ciento del total de los habitantes del país– se concentran en las zonas rurales de Colombia, de acuerdo con las proyecciones demográficas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) para el 2015.
Pero estos 11 millones de personas no se reúnen en unos cuantos departamentos, sino que están dispersos a lo largo y ancho de la geografía nacional: en el 80 por ciento del total del territorio de Colombia.
Teniendo en cuenta que el 44 por ciento de la población rural se encuentra en situación de pobreza –con privaciones en educación, salud y ausencia de servicios de agua potable y saneamiento básico, entre otros–, para el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio es un gran desafío y una prioridad atender a la ‘ruralidad’. Entre los años 2012 y 2015 se han destinado más de 198.000 millones de pesos (recursos del presupuesto general de la Nación y de Cooperación Internacional) para programas de abastecimiento de agua y manejo de aguas residuales en zonas rurales.
Aunque es responsabilidad de los municipios abastecer de agua y alcantarillado la región a su cargo, la Nación ha brindado apoyo financiero a 45 municipios, en 17 departamentos, con un total de 48 proyectos.
Por ejemplo, en Naranjal, municipio de Timaná, en el Huila, se hizo una inversión de 3.596 millones; el gran impacto está en que 1.838 habitantes de la vereda pasaron de tener cero cobertura en alcantarillado a 100 por ciento; en el acueducto, se pasó del 74 al 100 por ciento.
En el resguardo indígena Chimila, en Magdalena, 150 habitantes son ahora beneficiarios del ciento por ciento de acueducto y alcantarillado. La inversión fue de 458 millones.
El sueño de recibir agua potable se les está haciendo realidad a 98.500 personas de las regiones más apartadas del país; de acuerdo con el Ministerio de Vivienda, ya se han terminado 30 proyectos por 44.335 millones de pesos en los departamentos de Atlántico, Caldas, Cesar, Córdoba, Cundinamarca, Huila, La Guajira, Magdalena, Nariño, Risaralda, Santander y Tolima. Se encuentran en ejecución 18 proyectos por 52.550 millones de pesos, en los departamentos de Antioquia, Atlántico, Caldas, Chocó, Cundinamarca, La Guajira, Meta, Nariño, Norte de Santander, Putumayo y Santander. Adicionalmente, se encuentran en fase de diseño nueve proyectos por 1.828 millones.
Camino por recorrer
No solo la dispersión de los habitantes en zonas rurales es un reto para los gobiernos, también lo es que las fuentes abastecedoras de agua se han visto afectadas por la contaminación producida por la minería ilegal, por prácticas agrícolas inadecuadas y vertimiento de aguas residuales urbanas. Además, por los fenómenos del cambio climático.
Por eso, no obstante el terreno abonado, sigue siendo un desafío para el Gobierno atender zonas como La Guajira, Chocó, Amazonas, Cauca, Putumayo, Vaupés y Guainía, las que mayor rezago tienen en materia de acueducto y acceso a agua potable en el sector rural. Según la ‘Gran encuesta integrada de hogares’, del Dane, en el 2014 la cobertura del acueducto presentó una brecha
urbano/rural de más 23 puntos porcentuales, y la de alcantarillado alcanzó los 21 puntos porcentuales.
Zonas lejanas no están solas
Pensar en agua de calidad y alcantarillado para los habitantes del campo (o zona rural) llevó, en julio del 2014, a la aprobación de la Política de Suministro de Agua Potable y Saneamiento Básico para las Zonas Rurales del País (Conpes 3810).
En este documento se insta, entre otras cosas, a pensar en estrategias para que, luego de construida la infraestructura de un acueducto, en una zona alejada, sea sostenible; además, en la participación de la comunidad para que las soluciones que se aporten sí resuelvan los problemas de servicios públicos.
Pero además el Conpes propone crear normas para consolidar acueductos y alcantarillados en áreas lejanas de lo urbano.
Como respuesta a lo último, el Ministerio de Vivienda avanza en la expedición del decreto de Esquemas diferenciales para zonas rurales (Ley 1753 del 2015).
Está por nacer la ley
El artículo 18 de la Ley 1753 del 2015 estaría listo para ser aplicado a partir de agosto del 2016:
* Crea incentivos para los esquemas asociativos (organizaciones que reúnen a varios prestadores) para que puedan desarrollar conjuntamente actividades administrativas y asistencia técnica, entre otros.
* Gestión social para mejorar el manejo del agua en el interior de las viviendas y la educación sanitaria.
* Establece las diferencias entre prestación de los servicios de acueducto y alcantarillado (Ley 142 de 1994) y acceso mediante soluciones alternativas como pilas públicas o soluciones individuales de saneamiento como pozos sépticos.
Este decreto les da directrices a los departamentos y municipios para que realicen el diagnóstico de sus zonas rurales y prioricen las intervenciones en agua potable y saneamiento básico. Así podrán contar con datos precisos para el desarrollo de proyectos y políticas sólidas. Las empresas prestadoras de servicios de acueducto y aseo de los municipios también deberán desarrollar acciones para mejorar en estos temas en el campo.


Tipos de sistemas de alcantarillado.

Existen tres tipos de sistemas de alcantarillado:

1 Sistema combinado.
Este sistema es llamado en nuestro país SISTEMA UNITARIO. Es la red de alcantarillado la que recibe las aguas negras o residuales y las aguas pluviales al mismo tiempo.

2 Sistema separado (Unitario)
Recolecta en un solo conducto las aguas servidas y en otro conducto las aguas pluviales. Están dispuestos según el eje de la calzada, a un metro de distancia entre colectores y van paralelamente.

3 Sistema semicombinado.
Es el que recibe las aguas negras y aguas pluviales provenientes de los patios o áreas edificadas.
Para el presente proyecto se calculará o diseñará un sistema de alcantarillado separado